lunes, 29 de agosto de 2011

Tiempo para regurgitar

Son tiempos distintos: la gente sale a la calle enfurecida, en España, en el mundo árabe, en nuestro país. La indignación proviene desde distintas fuentes, no obstante, ya nadie la guarda. En este sentido, el poema "Invitación al vómito" de Oliverio Girondo es un testimonio en el pasado que hoy nos hace sentido. La pregunta que les planteo es ¿Qué debemos vomitar hoy?

Invitación al vómito
               
Cúbrete el rostro
y llora.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
largos trozos de vidrio,
amargos alfileres,
turbios gritos de espanto,
vocablos carcomidos;
sobre este purulento desborde de inocencia,
ante esta nauseabunda iniquidad sin cauce,
y esta castrada y fétida sumisión cultivada
en flatulentos caldos de terror y de ayuno.

Cúbrete el rostro
y llora...
pero no te contengas.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
ante esta paranoica estupidez macabra,
sobre este delirante cretinismo estentóreo
y esta senil orgía de egoísmo prostático:
lacios coágulos de asco,
macerada impotencia,
rancios jugos de hastío,
trozos de amarga espera...
horas entrecoratadas por relinchos de angustia.

viernes, 13 de mayo de 2011

¿Por qué la poesía puede dignificar?

He leído poesía desde hace muchos años. Soy profesora de literatura y he estudiado a distintos autores. Cuando me inicié  en las letras, sólo las narraciones llenaban mi vida, pero hoy es la poesía quien me da las satisfacciones. Voy por la ciudad y cuando debo esperar, leo un poema. Es un instante personal, breve y lleno de significado. Enseño en distintas realidades: una de adolescentes llenos de excesos y otra de adultos, carentes en el sentido amplio. Hoy quisiera compartir un poema que conmovió a muchos de aquellos que están en falta, "Carta a Mariana" de Teillier y también me pregunto ¿Por qué la poesía nos dignifica?


Carta A Mariana
Jorge Teillier
¿Qué película te gustaría ver?
¿Qué canción te gustaría oír?
Esta noche no tengo a nadie
a quien hacerle estas preguntas.

Me escribes desde una ciudad que odias
a las nueve y media de la noche.
Cierto, yo estaba bebiendo,
mientras tú oías Bach y pensabas volar.

No creí que iba a recordarte
ni creí que te acordarías de mí.
¿ Por qué me escribiste esa carta?
Ya no podré ir solo al cine.

Es cierto que haremos el amor
y lo haremos como me gusta a mí:
todo un día de persianas cerradas
hasta que tu cuerpo reemplace al sol.

Acuérdate que mi signo es Cáncer,
pequeña Acuario, sauce llorón.
Leeremos libros de astrología
para inventar nuevas supersticiones.

Me escribes que tendremos una casa
aunque yo he perdido tantas casas.
Aunque tú piensas tanto en volar
y yo con los amigos tomo demasiado.

Pero tú no vuelves de la ciudad que odias
y estás con quién sabe qué malas compañías,
mientras aquí hay tan pocas personas
a quien hacerles estas simples preguntas:

«¿Qué canción te gustaría oír,
qué película te gustaría ver?
¿ y con quién te gustaría que soñáramos
después de las nueva y media de la noche?».

De "Para un pueblo fantasma" 1978